La Vida Madre

Validación Emocional

Validación Emocional

Validación Emocional

Validación Emocional

Validación Emocional

Validacion Emocional Madre e Hija

Validación Emocional

Validación Emocional

¡Bienvenidas a este espacio, un espacio de confianza, crianza y educación emocional!

 

En este lugar tenemos la oportunidad de mirarnos, compartir y crecer juntas hacia el bienestar propio y común. El mundo emocional es un gran arcoíris por descubrir, con colores y matices, dónde cada uno puede verlo en un lugar distinto, desde una perspectiva y nos puede ofrecer paz, conexión y belleza. Cuando me preguntan por las emociones, siempre digo que “Las emociones como los cactus, necesitamos conocerlas, cuidarlas y acompañarlas para conocer cuando pinchan y duelen” Solo así, conociéndonos y descubriéndonos podremos gestionar mejor nuestras emociones. 

Según Paul Mclean, médico norteamericano y neurocientífico, propone que el cerebro humano puede definirse como reptiliano, límbico y racional. Cada uno de ellos tiene unas funcionalidades y características sorprendentes y es necesario contar con cada uno de ellos. Por ello, es clave ser consciente y poderlos cuidar y atender de forma integral. Esta vez nos detendremos en el cerebro límbico, este es el hogar de las emociones y de la parte afectiva y motivacional. En este cerebro se graba la intensidad de las emociones, así cuando nos encontramos en una situación que ya hemos vivido y tenemos grabada, el cerebro actúa de manera automática haciendo la asociación de la nueva experiencia del presente con los recuerdos similares que se grabaron en el pasado.

Por tanto, una vez conocemos dónde encontramos la sede de las emociones, es clave conocer qué son en materia. Te cuento que las emociones son respuestas psicofisiológicas que da nuestro cuerpo ante un estímulo real o imaginado. Por ello, todas son necesarias y no encontramos emociones positivas ni negativas. Lo que sí es cierto es que estas emociones pueden generar sensaciones placenteras o desagradables.

Las emociones se caracterizan por: 

  • Se identifican por una expresión determinada (facial-corporal)
  • Son universales, se dan en todas las culturas humanas.
  • Están presentes desde el nacimiento.
  • Son efímeras.
  • Se contagian (si vemos a una persona riendo, nos contagia su alegría).

Paul Ekman, psicólogo pionero en el estudio de las emociones identificó 6 emociones básicas y prácticamente universales en todas las culturas. Según sus estudios éstas son: Miedo, tristeza, ira, alegría, sorpresa y asco. A partir de estas emociones podemos generar muchísimas otras, aquellas denominadas como emociones secundarias: rabioso, agresivo, culpable, abandonado, agobiado, eufórico, bromista, apático, irritado, humillado, inseguro, ansioso, celoso, etc. y todo un conjunto derivado de aquellas emociones básicas.

Después de conocer algunas de las emociones que alguna vez hemos sentido o sentiremos posiblemente es más fácil poder reconocerlas, por tanto, te animo a cambiar el ¿cómo estás? Respondiendo bien o mal por ¿cómo me siento ahora?, sólo así tendremos la oportunidad de ir perfilando nuestro lenguaje emocional, identificarlas y reconocerlas. Estos son los primeros pasos para poder validar nuestras emociones y darles un lugar sin negarla.

Muchas veces queremos tapar o negar esas sensaciones negativas y al no darle un espacio a esa emoción luego nos sale. Yo siempre digo, ¡lo que no explota, implota! Así que ya sabréis que es mejor que explote, darle un lugar a cada una de ellas, y sólo dándoles ese lugar veréis como nuestra tensión disminuye, nos relajamos y nos sentimos más cómodos. Las emociones duran unos minutos, en cambio, cuando nos quedamos durante mucho tiempo anclados o congelados en una emoción determinada, estamos hablando de un estado de ánimo. El estado anímico que predomina en nosotros determina la forma en la que vemos la realidad y lo que nos pasa. Es como el cristal de las gafas que nos ponemos al mirar la vida y que lo impregna todo con esa tonalidad.

Finalmente, te animo a validar tus emociones, a identificarlas, darles un lugar y ponerles nombre. Está bien reír, llorar, enfadarse, espantarse, agobiarse, sobre todo está bien sentir y dejar sentirse. Te recuerdo, si tú estás sintiendo o tú hijo o hija está haciéndolo y manifestándolo no lo reprimas, dale un escape, un lugar, dale aire.

Sandra Luque

Maestra de Educación Infantil formada en Pedagogías activas e innovación educativa.

@educamosdesdelcorazon

La Vida Madre

La Vida Madre

#maternidadsinfiltro

COMPARTIR

Share on facebook
Share on twitter
Share on email
Share on pinterest