La Vida Madre

¿Me Estará Pasando Sólo a Mí?

¿Me Estará Pasando Sólo a Mí?

¿Me Estará Pasando Sólo a Mí?

¿Me Estará Pasando Sólo a Mí?

¿Me Estará Pasando Sólo a Mí?

¿Me Estará Pasando Sólo a Mí?

¿Me Estará Pasando Sólo a Mí?

Quizás ya lo empezaste a notar durante el embarazo. Muchas de nosotras llegamos al embarazo con muy poca información. Quizás nuestra madre nos contó que había tenido nauseas o que había ganado peso. Si tenemos suerte igual incluso nos había contado su parto. Pero en la mayoría de los casos, hay un extraño silencio sobre todo lo que concierne a la maternidad y la crianza. 

Volvamos al embarazo. Se suele suponer que es un periodo feliz. Que tienes que estar llena de felicidad, disfrutarlo y gozarlo muchísimo. Y sí, puede ser que muchas mujeres lo vivan así, pero tambíen puede ser que no. Puede ser que aunque fuese un embarazo  muy buscado ahora tengas miedo. Puede ser que no sientas ese vínculo especial del que te han hablado. Puede ser que no te guste estar embarazada, que te sientas pesada, que no te guste tu nuevo cuerpo, que te cueste mirarte al espejo. 

 

Puede ser que de golpe te sientas enfadada con tu madre, o con tu padre, sin saber muy bien porqué. Sí, todo eso también sucede, lo que pasa es que no nos habían hablado de ello. Y como nadie nos lo había contado, como no lo habíamos leído ni lo habíamos visto en ninguna película ni en ningún capítulo de nuestra serie favorita, en seguida aparece la pregunta. Una pregunta que nos acompañará durante todo lo que vendrá después: ¿Esto me sucederá sólo a mí? ¿Se me estará yendo la cabeza?

Luego llega el parto. Tampoco es que sepamos mucho sobre parir antes de embarazarnos. Es curioso como de niñas casi nadie nos habla de esto. Es curioso como muchas veces hemos fantaseado con ser madres, con qué tipo de madres seremos, con qué nombres les pondremos, a qué jugaremos… pero no nos planteamos como pariremos. 


Y no es solo un hecho inevitable si queremos ser madres, sino que es también un momento crucial para mamá y bebé, que quedará grabado profundamente en nosotras. Y puede ser que nos sintamos tristes después del parto, aunque nuestro bebé está bien. Puede ser que sintamos que nos han robado algo. Puede ser que sintamos una especie de duelo. Puede que no nos enamoremos al momento de nuestra hija. Puede que nos cueste unos días. 


Y también puede ser que hayamos tenido un parto gozoso, del que nadie nos había hablado. Y que estemos de subidón. Que nos sintamos poderosas como nunca nos habíamos sentido antes.

Y después viene a visitarnos el gran desconocido, el tabú más grande: el postparto. De lo primero que solemos darnos cuenta es que lo que veíamos en las revistas era mentira. Después de parir no estamos estupendas. Seguramente nuestro cuerpo está distinto. Y necesitaremos un tiempo para recuperarnos. Quizás la lactancia no es lo que soñamos. Quizás está resultando difícil lograr un buen agarre y quizás deseamos abandonar. Puede que sintamos culpa. Puede que sintamos tristeza, a ratos. Y una felicidad desbordante, a ratos. Puede también que seamos un gran equipo con nuestra pareja. O puede que no, que no nos estemos entendiendo. Que no encontremos momentos para hablar. Que sintamos que nos estamos alejando cada vez más. Puede que sintamos todo esto, y muchísimas cosas más. Y puede que la eterna pregunta acuda de nuevo a nuestra mente: ¿me estará sucediendo solo a mí?

Recuerdo con ternura a una mujer que asistía por primera vez a uno de los grupos de postparto que acompaño. Escuchó en silencio toda la sesión. Todo lo que decían sus compañeras. Rió con ellas. Lloró con ellas. Se emocionó. Y cuando le tocó el turno, con lágrimas en los ojos, dijo: “¿Pero porqué nadie nos habla de esto? Pensaba que era la única hasta que os he escuchado. Pensaba que estaba loca! Solo escuchandoos he respirado de nuevo”. 

Y es que, te cuento todo esto es para decirte en realidad una sola cosa: No estás sola. No te pasa solo a ti. No eres la única. No es que tú no puedas con esto. Es que no deberíamos hacerlo solas. Deberíamos vivirlo acompañadas. Compartirlo. No estamos hechas para criar solas, en un piso, en una ciudad. Necesitamos comunidad. Sostén. Apoyo. Como el aire que respiramos. Se suele decir que para criar a un hijo se necesita una tribu entera. 

 

Y así es. Busca tu tribu. Busca tu sostén. Te lo mereces mujer. Mereces vivir esto acompañada.

Paola Roig

Psicóloga perinatal y Psicoterapeuta

@paoroig

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#maternidadsinfiltro

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