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Las Rabietas: Por qué surgen y Cómo lidiar con ellas

Las Rabietas: Por qué surgen y Cómo lidiar con ellas

Las Rabietas: Por qué surgen y Cómo lidiar con ellas

Las Rabietas: Por qué surgen y Cómo lidiar con ellas

Las Rabietas: Por qué surgen y Cómo lidiar con ellas

Niñx Llorando Rabieta

Las Rabietas: Por qué surgen y Cómo lidiar con ellas

Las Rabietas: Por qué surgen y Cómo lidiar con ellas

¡Bienvenidas al mundo de las rabietas! Querida, respira y túmbate en el sofá, necesitamos una dosis de paciencia. ¿He dicho una? Rectifico: NECESITAMOS GRANDES DOSIS DE PACIENCIA. Conozco esos momentos dónde parece que ni habláis la misma lengua, dejas de comprender qué quiere y qué necesita tu hijo/a.

Hoy, te voy a contar qué son las rabietas y cómo acompañarlas de forma respetuosa. Las rabietas son respuestas físicas y emocionales que tenemos delante de una situación o acontecimiento. 

 

Esta respuesta suele ser expresada con rabia y enfado de forma explosiva y pataleante. ¿Te acuerdas de esa rabieta por no quererse ir del parque? o ¿aquel día que no paraba de llorar porqué quería quedarse en casa de su amigo? ¡Bravo, seguro que lo has hecho! Y ahora recuerda esa rabieta que tuviste con tu madre cuando le contó a todo el barrio que estabas embarazada. Y es que así somos, tenemos necesidades y a veces no sabemos cómo expresarlas.

 

Ahora que ya has identificado algunas rabietas y las tienes fichadas en tu mente, te acompaño en esta guía de reflexiones.

1. ¿Cómo se manifiesta?

Normalmente, las rabietas se caracterizan por llantos, gritos, enfados, patadas, agitación del cuerpo y huida. Todo aquello que suponga revelación.

2. ¿Cuándo se da?

Son presentes en escenarios donde tiene lugar la frustración por no satisfacer una de sus necesidades. Una necesidad que para él/ella en aquel momento es importante y reniega la posibilidad de recibir un NO por respuesta.

3. ¿Por qué?

Pueden ser varias las razones:

 

  • Recuerda que si tu hijo/a tiene menos de 7 años se encuentra en una etapa de egocentrismo. ¡Sí, lo siento, de momento tiene excusa! Es imposible que pueda comprender tu lugar, tu posición, tu otra visión. Para él, debido a su edad evolutiva solo puede comprender su mirada. Por tanto, olvídate de la empatía.

 

  • Mamás, para ellos es una estrategia muy útil para captar vuestra atención, cuando quieren mimos, abrazos, miradas, juego compartido, complicidad. Muchas veces, no saben cómo expresarlo. ¡Te invito a observar esa necesidad que hay detrás de llantos y pataletas! Te pongo un ejemplo… ¡Llegada de un hermanito! Con la llegada de un nuevo miembro a la familia, muchas veces aparecen más rabietas de las habituales. Tu hijo/a necesita atención, ser vistos y mirados. Tienen celos porque aquella atención que era única para ellos ahora es compartida. Ellos también necesitan adaptarse a este cambio y no pasar a ser “los mayores” cuando todavía tienen esa misma necesidad de dependencia.

 

  • ¡Bendito o maldito sueño! Ese es el encargado muchas veces de aumentar sus niveles de frustración. Cuando están cansados, como todos, estarán mucho más sensibles e irritables.

Y muchísimas más razones que podríamos añadir. La mejor estrategia será la observación y ver qué ha cambiado en él/ella, en ti y en el entorno.

4. ¿Cómo acompañarla?

NADIE MEJOR QUE TÚ LO SABE, ¡así es! Nadie mejor que tú conoce a tu hijo/a y sabe cómo acompañarlo en sus momentos de rabieta o desconsuelo. Quizá puedo acompañarte con algunos principios que te ayudaran y te facilitaran el camino.

 

Si quieres conectar con tu hijo/a para dialogar es muy interesante tener en cuenta nuestra postura. Ponernos a su altura tiene muchos beneficios, traspasamos esa pantalla de comunicación unidireccional (nuestra hacia ellos) para convertirla en bidireccional (por ambas partas), facilitando así la conexión y la cercanía. Para ellos, es clave comunicarnos de forma clara y concisa, es importante que comprendan nuestros mensajes y no tiendan a dobles interpretaciones.

 

Sólo así podrás establecer límites y normas, con amor, coherencia y sensatez. Recuerda siempre que aquello que le pidas debe estar adaptado a sus capacidades y habilidades del momento, debe ser posible para él poder darte respuesta.

 

Ante este límite o norma, mantente firme y serena, tú sabes porqué has tomado esa decisión y en qué razones te has basado. No es necesario que quieras explicarle todos y cada uno de los motivos, cómo ya te he explicado se encuentra en una etapa de egocentrismo y muchas de ellas no las entenderá.

 

Por ejemplo: “tenemos que irnos del parque porque es tarde, estás cansado, tienes que ducharte, mañana hay cole, necesitamos hacer la cena”. No te justifiques tanto, basta con decirle: “Cariño, nos vamos del parque y vamos para casa”, “necesito que salgas de la ducha porque tenemos que cenar”, “ha llegado el momento de recoger los juguetes y guardarlos”.

 

Al comunicarnos de este modo el mensaje es mucho más potente y directo para ellos, de manera que se pueden acoger más a él. Como adultos al justificarnos perdemos nuestro fin/finalidad entre dubitación y ellos lo notan y perciben.

 

Así como comentaba antes es importante que el diálogo que establezcamos sea conciso. Al lanzar estos mensajes es fantástico poderles ofrecer la oportunidad de acompañarles, de este modo parecen mucho más receptivos y preparados para llevar a cabo el mensaje.

 

Siguiendo las líneas anteriores “Ha llegado el momento de recoger los juguetes y guardarlos, ¿te ayudo? ¿Cojo la caja y tu vas poniendo los coches?” de este modo no sientes el abandono sino la compañía del adulto y la autonomía y confianza que les ofrecemos mediante el diálogo.

¿Se enfadará? Sí, mucho. Pero ahí estás tú validando esa emoción, ese enfado y esa rabia. Validar emociones es ofrecer un lugar, un espacio y un nombre a esa emoción que siente. Si estamos en la línea de la crianza respetuosa y la disciplina positiva, recordaremos, que muchas ya conocéis el concepto del “equilibrio emocional”.

 

Así pues, es clave que sientan emociones más o menos agradables, eso no supone que sean emociones positivas o negativas. No debemos caracterizarlas ni englobarlas de este modo, ya que todas y cada una de ellas son necesarias para nuestro crecimiento y desarrollo personal.

 

Al mismo tiempo, debemos acompañar esos momentos de frustración y rabia tan propios de las rabietas, podemos hacerlo con palabras como: “Entiendo que te enfades mucho y que quieras seguir jugando, otro día volveremos”. De este modo, ellos observan que sienten una emoción legítima, que le damos un espacio y que le permitimos sentirla.

 

Muy alejado del “no pasa nada o del tranquilízate”, para ellos sí pasa y si es importante, por tanto, hacerlo desde el amor y la empatía. Como el “no llores”, el llorar es bueno, es otra vía de expresión para nuestras emociones, por tanto, podemos llorar de alegría, de rabia, de tristeza, así expulsamos y ponemos sobre la mesa aquella emoción que ha surgido dentro nuestro.

 

Como siempre les digo a las familias, “todo lo que no explota, implota”, así que tanto ellos como vosotras mamás, os animo a llorar siempre que lo necesitéis. Podéis acompañar ese llanto: “veo que estás llorando y que no te gusta irte del parque, el próximo día vendremos más pronto”. De esta manera, ponemos palabras a eso que les está ocurriendo, dándole coherencia y sentido, solo leyendo la situación sin interpretaciones.

 

Otra de las herramientas en este proceso es abreviar estos momentos lo máximo posible, sin entrar en explicaciones largas, discusiones, quejas o reproches. Puedes explicarle que vas a cogerlo con mucho amor y que vais a ir de camino a casa, al tú hablarle desde la calma, la tranquilidad y la confianza del porqué actúas como lo haces, ellos conectaran con esa emoción y al sentirse escuchados rebajaran ese alto nivel de frustración.

 

¡Y así, un día y otro! Os iréis conociendo, os sabréis escuchar, podréis conectar y seréis ese equipo que ya comenzáis a ser.

Sandra Luque

Maestra de Educación Infantil formada en Pedagogías activas e innovación educativa.

@educamosdesdelcorazon

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